20 Feb 2014
javier fernandez

Javier Fernández Verde es uno de los profesionales que formará parte del jurado de la segunda edición de los Premios del Diseño de Andalucía de la AAD. Con una intensísima carrera vinculada a la Psicología, la crítica artística, la comunicación institucional, social y política, la investigación y la docencia (es profesor para el Instituto Europeo di Design, la Escuela de Arte y Antigüedades de Madrid, la Universidad Europea de Madrid o el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, por citar algunas instituciones), actualmente es vicepresidente de la Asociación de Diseñadores de Madrid, responsable de enseñanza en la Central de Diseño Matadero-Madrid o vicepresidente de la Red Española de Asociaciones de Diseño. En su opinión, la política en España se está despreocupando cada vez más del diseño gráfico, aunque la responsabilidad histórica de este arte sea la de mover conciencias.

1. En su opinión, ¿qué valor aportan al sector convocatorias como las de estos premios?

Los premios por definición dan relevancia a lo premiado y sería deseable que marcasen standares de calidad, de buen hacer y de ética profesional. Son estímulo para los premiados y para los que no lo han sido, siempre que el jurado acierte. Los premios son referencias para los que se inician en la profesión y señales para los que no demandan un diseño profesional, señales de lo que se pierden empresarios e instituciones que no apuestan por el diseño como valor diferencial para sus entidades. En España hoy son herramientas imprescindibles para poner en valor público a la profesión, que sufre una crisis, y una revisión, como nunca antes desde el inicio de la democracia.

2. Sintetizando mucho, ¿cuál es la virtud que usted aprecia más en un trabajo de diseño gráfico?

Su ajuste innovador al encargo, aceptando el término «virtud» en su acepción clásica, estética y ética. Ese «algo», sea cual fuere, que hace que, como comunicación, el producto gráfico, que debiera ajustarse a la intersección de cliente y usuarios, salta de su eje para provocar deleite, entusiasmo, fascinación, por la sorpresa, curiosidad, extrañeza o alegría que causa. Puede ser la calidad de su factura o su singularidad creativa… Pero la medida de mi aprecio son sus posibilidades de impacto. ¡Pero cuidado, no hablo sólo de seducción! hay gráficas seductoras e impactantes, e incluso con un buen hacer de oficio, pero banales. Intentemos definir, por tanto, la virtud de crear comunicación significativa a través de su contrario, la banalidad. ¿Por qué puede ser banal un diseño de impacto y bien hecho? Esencialmente por su falta de ética, por su deshonestidad. En conclusión, un buen diseño gráfico es para mí una comunicación significativa en la medida del encargo que tiene en cuenta a sus destinatarios a los que trata como personas y no como meros instrumentos de una actividad creativa.  

3. Como experto en comunicación política e imagen, ¿cree que la política en este país ya se preocupa lo suficiente por el diseño gráfico?

La pregunta implica que ha habido un proceso de preocupación y «ya» supondría un límite de preocupación suficiente o no, pero la realidad es lo contrario: un proceso de despreocupación. Yo modificaría la pregunta para un debate posible ¿La política en España ya se ha despreocupado lo suficiente por el diseño gráfico? y mi respuesta es «no». Aún veremos más despreocupación. Como tantas cosas en nuestro país, aun nos quedan entre cinco y diez años para que nuestras instituciones estén a la altura de sus ciudadanos. Los políticos españoles temen a sus poblaciones, desconfían de ellas.

Como tantas cosas en nuestro país, aún nos quedan entre cinco y diez años para que nuestras instituciones estén a la altura de sus ciudadanos. 

No es solo olvido tras las elecciones como en otras democracias avanzadas lo que percibo en los políticos españoles. Y por eso los políticos son tan «estrechos» en su relación con los ciudadanos y su comunicación con la ciudadanía es realizada desde una comunicación temerosa y, por tanto, no creativa. Y por eso ha sido tan fácil destruir gran parte del tejido institucional del diseño (me refiero a las agencias y sociedades de promoción del diseño como el ddi) con ocasión de la Gran Recesión en la que aún estamos instalados.

4. Como coordinador de la Convocatoria de Ideas contra la Pobreza (II Bienal Iberoamericana de Diseño), ¿cuál es hoy la implicación del diseño en las causas sociales? ¿Cree que el diseño también mueve conciencias?

Respecto a su segunda pregunta, sin duda. Esa es su responsabilidad histórica. El diseño crea, sobre todo a partir de finales del siglo XX, la posibilidad de un nuevo paradigma estético diferente al iniciado en el siglo XVIII por la Pintura. Hay otras razones de orden estético en el campo de las denominadas Artes Menores o Artes Decorativas y las otras especialidades del Diseño frente a la Escultura y a la Arquitectura, las otras «Artes Mayores», pero centrémonos en la construcción de imágenes, lo específico, en sentido estricto, de la Pintura y el Diseño Gráfico. Frente al sentido trascendente de la pintura, el Diseño Gráfico opone su significado circunstancial. Frente al compromiso con la historia de la Pintura, el Diseño Gráfico opone su compromiso con el aquí y ahora. Frente al rendir cuentas a una posible «mirada competente» de los valores pictóricos, el Diseño Gráfico rinde cuenta a su eficacia comunicativa con sus usuarios. El Diseño Gráfico se dirige directamente a afectar la mente de sus receptores, a su conciencia o preconciencia. Se produce con objetivos. No es neutral en cuanto a su posible eficacia. Ha de ser efectivo, producir efectos.

Mover conciencias está implícito en el «ser» del diseño gráfico como profesión y no hay diseño gráfico que no mueva conciencias 

El Diseño Gráfico es una disciplina social independientemente de la ideología o la conciencia de sus creadores. Mover conciencias está implícito en el «ser» del diseño gráfico como profesión y no hay diseño gráfico que no mueva conciencias, de ahí su ser ético o su carácter como profesión. Pero tu primera pregunta tiene otro sentido: la construcción de diseños comprometidos con causas sociales entendidas como causas de apoyo a «desfavorecidos», a personas o comunidades con dificultades de supervivencia. Es decir, el diseño gráfico no solo como disciplina social y ética, sino moral. Y en este sentido aprendí una lección en «Convocatoria de Diseño contra la pobreza»: ¡Cuidado con ser diseñadores-misioneros! Las lecciones que pueden darnos las personas con dificultades de supervivencia son de las que no se olvidan.

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